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20 de Octubre de 2022

Everest 1922. La historia del primer intento

por desnivel.com

Everest 1922. La historia del primer intento

Un relato dramático y cautivador del primer intento de ascensión del Everest protagonizado en 1922 por George Mallory y un equipo expedicionario inglés, que constituye una historia muy entretenida, rebosante de controversias, aventuras y dramas, a cargo de un plantel de personajes cautivadores y llenos de luces y sombras.

Aunque sigue siendo, sin lugar a dudas, la montaña más famosa del mundo, a lo largo de los últimos años la reputación del Everest ha cambiado de forma radical. Actualmente, la masificación de su ascensión —con largas colas de escaladores en la Pared del Lhotse—, las escabrosas historias de cadáveres congelados o los montones de basura que se acumulan a gran altitud en la montaña, no hablan a su favor. Pero las cosas no han sido siempre así. Hubo un tiempo en que el Everest era un lugar remoto, inaccesible y misterioso. 
«En la mañana del funeral de Kellas, los dos hombres ascendieron a un punto elevado por encima del fuerte de Khamba Dzong. A lo lejos se distinguía el Everest a través de una capa de nubes y neblinas. Como más tarde escribió Mallory, parecía “como un prodigioso colmillo blanco sobresaliendo de la mandíbula del mundo… Nos sentíamos satisfechos de que la montaña más alta del mundo no nos decepcionase”. Dos días más tarde, el 8 de junio, partieron de Khamba Dzong y escaparon del mapa, saliendo hacia territorios que hasta entonces nadie había cartografiado. “Esto empieza a ser emocionante”, escribió Mallory».
Hasta 1921 ningún extranjero se había acercado siquiera a la montaña,  situada en la frontera entre Nepal y Tíbet, dos países cuyos gobernantes rechazaban de plano cualquier incursión por parte de extranjeros. En 1922, el grupo británico tardó dos semanas en viajar desde Inglaterra a la India, con otra semana más de viaje por tierra para llegar a Darjeeling y a continuación un mes entero para llegar hasta su campamento base. No tenían fotografías que les sirvieran de referencia y tampoco un GPS para hacer comprobaciones. El equipo de 1922 estaba compuesto por los primeros montañeros europeos firmemente determinados a escalar el Everest.
Podría decirse que la expedición de 1922  fue muy importante ya que instauró el estilo de las grandes expediciones, con grandes equipos y numerosos campamentos, un estilo que persistiría durante las décadas siguientes. Marcó también el inicio del dilema sobre el uso de oxígeno; creó ese vínculo entre el pueblo sherpa y el Everest que se ha convertido en una auténtica marca global, y elevó a George Mallory a la categoría de héroe internacional, cuyas acciones y escritos son hoy parte crucial de la mitología del Everest.
El autor, Mick Conefrey se ha documentado en los diarios, cartas y diversos relatos, publicados e inéditos, para explorar las motivaciones y los dramas personales de sus principales protagonistas, detallar las vicisitudes que acontecieron entre bastidores, y descubrir las acérrimas rivalidades que subyacían tras aquella aventura. Cuenta curiosidades divertidas como que el gran innovador del material de montaña en la expedición de 1922 fue George Finch. Tenía extravagantes teorías sobre los efectos benéficos de fumar tabaco a gran altitud que nunca tuvieron trascendencia alguna, pero el traje de plumón que encargó antes de ir al Everest se ha convertido en el uniforme del montañero de altitud. Y es de agradecer que desmitifique un poco a Mallory ya que las figuras heroicas e intachables chirrían un poco. También cuenta con detalle los entresijos entre bastidores, todo aquello “invisible” que tiene un enorme peso a la hora de generar tensiones y en la toma de decisiones importantes en una expedición. Le da más  importancia al grupo en sí, que a cada uno de sus miembros, lo que cada individuo aportaba y hacía avanzar la expedición.
Casi cien años después, el impacto de la expedición de 1922 sigue percibiéndose en el Himalaya. El Himalaya de nuestros días, claro está, sería casi irreconocible para aquellos porteadores o escaladores de la expedición de 1922. Aunque, en un sentido muy literal, la de 1922 fue la verdadera «protoexpedición» del Everest, en los últimos tiempos se ha visto infravalorada, al concentrarse la mayor parte de la atención histórica y literaria en el segundo intento británico de 1924, y en su todavía controvertido desenlace.

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